Si te plantas delante de la televisión un miércoles por la noche, estoy segura de que tus pobres ojillos no podrán escapar de la atracción fatal que suponen los modelis imposibles que alguna presentadora deluxe se atreve a mostrar en público. Asi que si te pilla ese zapping por banda, por favor intenta estar acompañado/a, para comentarlo y exorcizarte de tanto rayo catódico, si no quieres permanecer durante horas con la boca abierta.
Aaaayyy, si es que no aprendemos, señoras, quien te dijo a ti, Terelu, que los los rasos y drapeados te hacían más mona, el problema es que las chaquetitas de punto de programa de tarde ahogaban un poquito nuestros gritos de auxilio, pero claro, el protocolo nocturno obliga, y las superlistas de las estilistas no saben como hacer para que el escote parezca aún más neumático, si cabe.
Y yo que pensaba que con un asesor de imagen, la vida era mucho más fluorescente, y que te salían rayitos de luz de tus blancos dientes, y la piel era mucho más suave, y los pajaritos cantan y las nubes se levantan…. Pues va a ser que no.
Claro q se me ocurre la idea mucho más brillante de un complot que intenta cargarse la imagen de las presentadoras más petardas, terrorismo en el vestir, grupo armado de los restos del sepu, que se cuela en los vestuarios de la programación patria para hundirte en la miseria, eso sí, llena de luz y de color. Para que se descojone media España. Y si no, que alguien me explique aquel traje rojo de Chenoa, el tupé de Mercedes Milá, o los turbantes rosa palo de Ana O., queda claro, algo está sucediendo en los vestuarios.
Permanezcamos atentos pues a la guerra abierta, q amenazan con matarnos a golpe de lentejuela, sacrifiquemos nuestra crítica feroz para exclamar todos juntos ¿qué digo bonito? PRE-CIOSO. Y veamos qué pasa.