1942. Los Ángeles, California. Bob Clampett se revuelve sudoroso entre las sábanas. Está teniendo una terrible pesadilla. Se encuentra un parque desconocido para él. A lo lejos, un enorme letrero con la palabra “Mercadona” brilla insistente y por todas partes ve automóviles claramente futuristas. El parque está lleno de adolescentes que no parecen verle. Todos montan en unos extraños ciclomotores de colores estridentes y visten ropas extrañas. El maletero abierto de un coche escupe una música infernal y los jóvenes lanzan grotescas risotadas y hablan en un idioma incomprensible para él. “He muerto y estoy en el infierno”, piensa Bob. De repente, una moto amarilla con la palabra Typhoon escrita en ella se dirige hacia él a toda velocidad. Bob grita pero el conductor no puede verle. Lo último que ve antes de despertar es la cara aniñada de un adolescente con un flequillo amarillo pollo.
Bob lanza un grito y su mujer se despierta enfadada.
-¿Qué diablos te pasa ahora, Bob?
-¡He tenido una visión!
-¿Otra vez poniéndote hasta el culo en el bar de Tom, con esos malditos gangsters, Bob?
-Calla, mujer. Tengo que dibujar lo que he visto.
Media botella de whiskey más tarde…

Tweety, también conocido como Piolín, había nacido.
Son sus proporciones amorfas? Es esa aberrante cabeza de bebé humano (Bob Clampett lo dibujó con una foto de él mismo de bebé delante.)? Es esa voz chillona subida de revoluciones? O es su precioso y elegante color? Cuál es el secreto de piolín para haber atravesado océanos de tiempo y haber llegado a nuestros días como el estandarte de toda una generación de orcos subnormales?



Piolín se adapta a los tiempos, haciendo las delicias del joven orco actual.

Dormitorios como tú.


Una noche de juerga con los amigotes.
Sea lo que sea, este pollo amarillo, cuyo sexo no estuvo del todo claro durante un tiempo, se ha convertido en un icono, en un símbolo inconfundible de mal gusto, en un síntoma de transtorno estético-mental.

Piolín y el traje de noche para la boda de Conchi. Por qué iban a estar reñidos?

Perfecta para conseguir ese puesto de encargado en el MacAuto.
Cuando yo era adolescente e iba a un instituto que habría hecho palidecer a la juani, no me quedaba más remedio que tener un grupo de amigas… singular. Una de ellas, obsesionada con piolín, nos ponía fácil elegir sus regalos. Recuerdo estar en una tienda, con el bakalao a tope, comprando una sudadera con un piolín del tamaño de un rottweiller. La amiga que me acompañaba, que podría escribir en esta página si no le hubiera dejado de hablar, alzó una ceja y me miró de reojo. “Es horrorosa”, me dijo, con todo el desprecio de su corazón. Pero mi amiga Conchi estaba encantada. Ya tenía sudadera, camiseta, calcetines, guantes, paraguas, coletero y reloj de Piolín. Y llevaba todo A LA VEZ. Aquel horror me marcaría para siempre.


Maltrato infantil.
Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. A veces las personas tenemos algunos problemas a la hora de juzgar por las apariencias, pero piolín nos lo pone fácil. Imagina que has conocido al hombre o la mujer de tus sueños. Todo apunta a que es alguien maravilloso. Viste bien, parece psicológicamente equilibrado y tiene un mínimo de gracia. Imagina que subes en su coche y descubres un muñequito de piolín sobre el salpicadero. Él o ella balbucean algo como “me tocó en un huevo Kinder” o “se lo dejó aquí mi sobrina”. No le escuches y con toda tranquilidad, abre la puerta aunque el coche esté en marcha. Entonces, inclina tu cuerpo hacia un lado y déjate caer.


Para terminar os contaré una curiosidad sobre Piolín, porque he falseado un poco la historia. Resulta que el primer boceto que Bob Clampett hizo de este personaje no ese amarillo horrible, sino rosa. Pero en seguida, todo el mundo en el estudio protestó. Un personaje rosa! Qué clase de broma era esa? Cómo iba a triunfar un dibujo animado de ese color?!!!

En fin… siempre ha habido clases…









