Durante la década de los ochenta, un personaje clásico de la ficción adolescente, era aquel o aquella estudiante de instituto feo o afeado con verdadera saña, por los estilistas y maquilladores de producción, que llevaba indefectiblemente unas buenas gafotas y que resultaba tener, bajo su timidez, una personalidad realmente brillante. El chico o la chica de la peli o serie, que se tiraba encandilado de la jefa de animadoras o el capitán de algún equipo todo lo que durara la historia, no podía dejar de reconocer al final las arrebatadoras virtudes de este ser y dejaba tirado a quien fuera, le quitaba las gafas al nerd y le soltaba un buen morreo. Todo esto ya lo sabéis y podéis encontrar incontables artículos sobre ello en todas esas páginas dedicadas a ensalzar hasta la última mierda que se hiciera en los 80.
Si bien, antes de que antena 3 apareciera y con ella todas las reposiciones de aquellos clásicos, y todas esas series de feas y beas, hubo otra época. Una gran época que ya está volviéndose a poner de moda, después de todo este coñazo de all stars, chapitas, y teenage-punks de palo.
Me refiero a la era de AARON SPELLING.

Retrato de un resentido.
Pudiera parecer que Aaron Spelling era uno de esos capitanes de equipo de fútbol que se quedaban al final plantados por la guapa de turno que decidía que era mejor besar a un feo gafotas lleno de granos que a él, bello efebo. En realidad era todo lo contrario. Pero quizá porque sabía que la cruda realidad distaba mucho de aquellas pelis de los ochenta, decidió que en sus series todos serían jóvenes, guapos y ricos. Y el feo, inteligente y pobre sería el perdedor.
Eligió ni más ni menos que una de las joyas de su corona: Beverly Hills: 90210, para introducir a Andrea Zuckerman. El punching ball de los capitanes de equipo plantados, de las jefas de animadoras tomadas por tontas, de los guapos en general. Andrea Zuckerman, el chivo expiatorio. Un personaje nacido y creado para la humillación.
“Brandon, písame, me gusta, soy tu felpudo: Wellcome!!”
Andrea Zuckerman, por obra y gracia de los guionistas, que por cierto eligieron a una tía de 29 tacos para interpretarla, es fea, rancia, acomplejada, pobre, virgen, judía y ni siquiera vive en Beverly Hills. Y no es un genio de la astronomía, ni de las matemáticas ni del ajedrez. Simplemente es empollona, metomentodo y pedante y por eso es la directora del periódico del insituto.
Cuando digo que Andrea es fea, es porque es muy fea. Y cuando se quita las gafas y se tiñe de rubio no mejora nada. Además, es mucho más bajita que todos los demás. Pero el físico no lo es todo, claro que no, y a pesar de ello podría ser una tía molona, como Emily Valentine, que es la primera novia de Brandon y que a pesar de tener aspecto de lesbiana, es malota, rebelde y está zumbada. Y por eso Brandon se enamora de ella.

Esto es lo más sexy que podía ponerse Andrea.

Y esto es lo menos sexy que podía ponerse Kelly.
Cuando digo que Andrea es virgen es porque es vergonzosamente virgen, no como Donna, que hace de su virginidad su bandera. Andrea le confiesa su virginidad a Brandon después de empeñarse en repartir condones por el instituto. Y una vez más, queda en ridículo.
Cuando digo que es pobre y que no vive en Beverly Hills, me refiero a que tiene que sentirse acomplejada en cada capítulo por el porsche de Dylan, el BMW de Kelly y el casuplón de los Walsh, que practicamente hacen caridad con ella. Además, Andrea quiere ir a Yale, porque estudiar es lo único en lo que triunfa, pero al final no puede porque tiene que cuidar de su abuela.

“Pues fíjate que no sé por qué sonrío, si mi vida es una puta mierda.”
Y cuando digo que es judía, me refiero a que no celebra la navidad. ¡La Navidad en casa de los Walsh, por dios! ¡Si hasta en un capítulo consiguen nieve artificial para que sea la típica Navidad americana de Minnesota…!

“Venga, venga, poneos, una foto las chicas de la serie. Uy, si falta Andrea, venga ponte también…”

“Pfffffff… Déjalo, anda, que te vas a hacer daño.”
Aparte de eso, Andrea es atropellada y se tira casi una temporada entera en silla de ruedas. Es rechazada por Brandon en varias ocasiones y aun cuando sale con otros chicos, los guionistas no pierden ocasion para dejar claro que sigue enamorada de Brandon. Finalmente, Andrea se queda preñada y se tiene que casar de penalty con un sudaca, pasándose a apellidar Zuckerman-Vasquez.
A esto es lo que llamo yo EL COLMO. Vivan los 90.
Gabrielle Carteris en la actualidad. Las secuelas son más que evidentes.