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Oficios deplorables: la estatua viviente

septiembre 5, 2007

¿Os acordáis del mimo? Si, aquel personaje que creía que trabajar consistía en ponerse un gorro y un traje negros y pintarse la cara de blanco… Aquel insoportable cruce entre un payaso (que gracias al mimo es tan solo el segundo oficio más abominable de la historia) y un deshollinador…

Sintiéndose rechazados por el público en general y tras aquel funesto anuncio de Ausonia, se vieron avocados a un exilio forzoso. Y allí han permanecido durante todos estos años:

Años en los que daba gloria pasear por las calles de España. Tiempos en los que uno podía bajar tranquilamente a comprar el pan, sin el miedo a ser sorprendido tras una esquina por un majadero que le amenace con hacer el paso del robot si no le da unas monedas.

¡Alto! No mueva ni un dedo o seré yo quien me mueva..

Pero algo les ha hecho ver la luz. Una pequeña fisura en el infranqueable muro que les separa del cariño del público. Una esperanza de volver a ser lo que fueron un día.

Una pareja de mimos -de riguroso incógnito, claro está- fue enviada en misión de alto riesgo a la FNAC, con el objetivo de hacerse con el último recopilatorio de Milikito, cuando, en mitad de la calle se toparon con él:

The answer my friend is blowing in the wind

Elhombrequeluchaporavanzarcontraelviento, un elemento casi tan fusionado con la geografía española como el Toro de Osborne.

“¿Pero que invento es ese?”-pensaron. “Nuestra brillante idea, expoliada”. Y sendas lágrimas de crayon negro se dibujaron en sus mejillas.

Pero los mimos supieron sacar una lectura positiva al plagio del que habían sido objeto. Volverían a las calles españolas a hacer lo que más les gusta en este mundo, NO HACER NADA. Si el público detestaba su uniforme, ellos le darían al público lo que querían ver. Y volvieron, convertidos en esa plaga tan bizarra como inútil que hoy en día inunda nuestras calles: las ESTATUAS VIVIENTES.

Si algo me ha quedado claro acerca de los preceptos que rigen la actividad de esta nueva corriente escultórico-delictiva es lo siguiente:

1. Da igual de qué te disfraces, lo único que importa es la textura que adquieras.

Ande yo crujiente….

Elhombredearcilla fue el primer ejemplar de esta new wave de estatuas que vi por la calle. Ese típico que te hace pensar “Hay que ver cómo se busca la vida la gente”, o que despierta los primeros “cómo mola”, en esa fase en que la novedad atrofia las partes del cerebro que rigen la utilidad práctica o el significado de lo que el ojo ve.

De acuerdo con que es más fácil estarse quieto cuando 5 cm. de arcilla se están cuarteando sobre tu epidermis, pero también es más dificil salir corriendo detrás del que se lleva la cesta del dinero. Y no creo que haya beneficios para la piel que compensen el calor que se debe de pasar ahí debajo. Elhombredearcilla merece todos los respetos de esta página.

No así su compañero de acera:

2. Otra cosa que todo aspirante a estatua viviente debe saber es que no importa de qué te disfraces, lo importante es que lo hagas de un solo color , del pelo a las botas, y que este no guarde absolutamente ninguna relación con el color lógico del asunto representado.

Vaquero-en-tonos-cobre lo tiene claro

El Rey Melchor meets El Rey Midas

3. La estatua viviente ya no es aquella anodina silueta de antaño. Ellas tienes ideas, ideas políticas. De izquierda, de derecha, da igual. Los símbolos ecuestres que la democracia se encargó de hacer desaparecer de nuestras calles podrían haber encontrado la manera de volver a recordarnos quién manda aquí.

Soldado.de.plomo.busca.armas.de.destrucción.masiva invita amablemente a los viandantes a visitar un conocido establecimiento de comida rápida.

4. Por último. aunque las estatuas vivientes forman un colectivo aconfesional, la religión está muy presente en sus manifestaciones.

La Virgen y el niño de Mattel, otro gran dogma de la fe cristiana.